Reseña de libro – The Lost City of the Monkey God por Douglas Preston

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Solamente pude encontrar una falla mayor en el trabajo que nos presenta Douglas Preston sobre su acompañamiento a la expedición de National Geographic que en 2012 encontró mediante el uso de tecnología LIDAR, la presencia de una ciudad/civilización perdida en lo profundo de la Mosquitia hondureña. Esta ocurre alrededor de la mitad del libro, cuando ya sea de forma inocente o quizas desinformada, que las elecciones de 2013 fueron ganadas limpiamente por el actual presidente Juan Orlando Hernandez. Mas allá de la repulsión personal que me pueda causar su figura, y su enfermizo deseo de seguir en el poder, me parece que la aseveración resulta temeraria de parte de alguien que en capítulos anteriores llega a captar de forma muy precisa la realidad histórica y contemporánea del país. Antes de hablar del tema central del libro, dejenme decirles a los seguidores de “el hombre”, que tendré algo positivo que decir de él en la conclusión de esta reseña.

La Ciudad Blanca está inculcada en el imaginario popular hondureño. Ignoro cuanto se dispersará este relato geográficamente, pero puedo asumir que es más prominente en las regiones de Oriente y sectores aledaños a la Mosquitia. Yo personalmente, en la región central del país, recuerdo haberla escuchado allá por el cuarto grado, recuerdo probablemente reforzado por la contemporánea película animada de El Dorado. La premisa de la historia, es que oculta por la densidad del bosque húmedo, existen las ruinas de una civilización comparable a la Maya, con ciudades cuyas edificaciones y riquezas son comparables a las de Copán, o incluso a las del mítico Dorado. Cuenta la leyenda que esta civilización fue maldecida por los dioses y que estos terminaron por abandonar sus ciudades; permaneciendo sin embargo, la maldición sobre aquellos que osen encontrarla. La leyenda, popular entre los pueblos del área, ha sido contada de generación en generación, con los más ancianos incluso asegurando haberla visitado.

 

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La mayor parte de la evidencia de la Ciudad Jaguar que se ha dejado ver proviene del “cache” encontrado, el cual parece ser una aglomeración de artefactos religiosos que se creen se dejaron ahí a manera de ritual, previo al abandono de la ciudad.

 

Douglas Preston comienza la historia relatando la preparación del equipo justo antes de acceder por primera vez en la zona identificada como la ciudad perdida, mediante un sobrevuelo con una aeronave equipada con un equipo laser. La expedición, principalmente conformada por extranjeros, se dirigiría en helicoptero desde Catacamas hasta los sitios denominados como T1 y T2. Preston relata la intimidante charla de la noche antes del viaje sobre los peligros de la jungla, impartida por un ex-agente de la SAS Británica, quien estará a cargo de la seguridad del grupo conformado por ingenieros, arqueologos, antropólogos y cineastas.

A continuación, el libro se intercambia entre aquel presente y el pasado, contandonos sobre las distintas expediciones fallidas y supuestamente exitosas en busca de la Ciudad Blanca, desde las primeras menciones registradas por Hernán Cortés hasta los proyectos fallidos por los mismos investigadores antes del azote del Huracán Mitch en 1998, aunque sorpresivamente pasando por alto la Exploración Raleigh. A través de estos capítulos, Preston demuestra su capacidad investigativa y da un marco contextual eficaz para aquellos lectores que no conocen el país. Una de las secciones en que esta habilidad queda demostrada, es en el abordaje que Preston hace con respecto a la controversia generada en el sector académico, respecto al trabajo de esta expedición, indagando desde ambos lados, y exponiendo lo vivido para contrarestar ciertos puntos señalados por personas ajenas a la expedición y el área del descubrimiento.

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Douglas Preston, autor del libro. Su obra principal gira alrededor de novelas de detectives.

Las secciones en que se habla sobre el viaje en helicoptero a T1 y las semanas que el equipo pasará en la jungla, resultarán un poco decepcionantes para aquellos que busquen en este libro una aventura y ciudad perdida al estilo Indiana Jones, pues la ciudad designada como T1 y luego como “Ciudad Jaguar”, se encuentra completamente cubierta por la jungla. Deberán pasar años para que se realicen los trabajos de excavación, más allá del cache descubierto, y que se comience a descifrar de donde provinieron estas personas, como era su cultura, y principalmente, por qué dejaron la ciudad abandonada. La falta de pruebas más tangibles sobre los logros de la expedición, queda evidenciada en una pobre sección fotográfica, que no aporta mucho a la lectura. Al no poder dar respuestas concretas a estas interrogantes, Preston debe limitarse a suposiciones juiciosas, principalmente basadas en la obra de Jared Diamond, sobre el colapso del Imperio Maya y la influencia de la expansión de epidemias al momento de la Conquista.

 

La sección final del libro nos presenta al grupo saliendo victorioso de la jungla, sintiendose sobrevivientes de no haber perecido en un ambiente repleto de peligros como jaguares y serpientes venenosas, para encontrarse a su regreso a sus países de origen, conque la mitad del equipo se había infectado de Leishmaniasis, una enfermedad sin cura, que de no ser tratada, tiene el potencial de literalmente comerse la cara de los afectados. Preston uno de los afectados, toma esta oportunidad para hacer un caso fuerte a favor de la investigación e intervención sobre estas enfermedades, que al ser endémicas de las zonas más pobres del mundo y no representar mayor peligro a los países desarrollados, carecen del apoyo internacional en cuanto al combate y control de las mismas.

El epílogo del libro presenta a Preston regresando al sitio T1 meses después, encontrandose una imagen diferente al sitio virgen descrito en la primera visita. T1 tiene ahora las cicatrices de una fuerte intervención humana, que se prepara a recibir la visita del Presidente Juan Orlando Hernandez. Tanto Pepe Lobo, presidente en el momento del acercamiento inicial del equipo de exploración, como Juan Orlando, entiende el potencial y el golpe publicitario que este descubrimiento traerá al país y especialmente a la gestión de este último. Más allá de que su campaña haya recibido dinero del saqueo del Seguro Social, de que sus familiares y correligionarios se vean involucrados en escándalos de narcotráfico, o de que se haya destruido la doctrina de la división de poderes para hacer girar el Estado a su alrededor para perpetuarse en el poder, Juan Orlando tiene en la “Ciudad Blanca” y en el descubrimiento y protección de este patrimonio, la oportunidad de asegurar un legado irreprochable de su gestión (sea esta de 4 o 40 años).

Haciendo publicidad gratuita, el libro está a la venta en la librería de Mall Multiplaza y cuesta alrededor de 750 Lps. Mi calificación es de 4.5/5 .

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O. Henry in Honduras

I guess I could almost beg for someone to send me a comment asking me “why on earth I don’t blog more often?” Well, I’m just saying because you might know that commenting keeps a blogger alive. Anyways, since I’m only receiving less than 6 views per day, then I might as well write whenever I feel like doing so.

As you might have noticed, the thematics of this blog are extremely miscellaneous. There are sincerely way too many things to talk about, and I’ll try that when I do write about something, that that something has some quality to it. Take for example today’s post; a post I really wish will have some kind of impact in somebody out there.

As usual, I should start by reminiscing something from the past. The year was either 2004 or 2005, and I was cruising through the seventh grade, and out of our Literature book, we came across a story by William Sydney Porter, better known by his pen name, O. Henry. Nobody seemed to notice or care, and I’m pretty much sure no one remembers, that on the small introductory author biography, it was mentioned how O. Henry had come to hide from the American law in the Central American country of Honduras.

I am a Honduran, around 7 or 8 million people are, and it just surprises that not even the people who are into literature have ever stopped to wonder why nobody here knows anything about O. Henry, one of the finest short story writers of the English language. It’s even more curious, because during the 6 months that Henry spent hiding in Trujillo, in the Atlantic Coast of our country, he managed to write a book of short stories, inspired by living in this “magically realistic” place, all while coining the term “banana republic”, which would come to tag third world countries strongly dependent on agrarian economy.

The book is called Cabbages and Kings, and it was written after O. Henry’s escapade from the Texan law. Before coming to Honduras, William worked at a bank, where apparaently he had deviated some money into his own account, a crime legally referred as embezzlement. His father-in-law bailed him out, and while he was going to trial, in a rushed decision, he opted to flee first to New Orleans and later to Trujillo, a lost place, in a lost country, my Honduras. O. Henry spent six months living in Trujillo, where he was expecting his wife and daugther to eventually join him, however, her wife fell very ill of tuberculosis and had to go back to Texas, and give himself in to the law. His wife died, and O. Henry was sentenced to five years in prison. Fortunately for him, since he was a licensed pharmacist, he spent his prison stay on his own wing and didn’t have to visit the prisoner’s side. He was released two years earlier due to good behaviour. He then returned to his daughter, who was told his father had been away on business. He remarried and live through his most productive writing period, however his increased drinking ended up giving him liver cirrhosis and killing him at the age of 47.

As you might see, O. Henry’s life isn’t neccesarily heroically, it’s actually filled with questionable behaviour, but many great artists have lead a similar life. Bottom line, what I really want to dig into with this entry, is the fact that those six months O. Henry spent living in Honduras, are widely unknown, and who but a Honduran should investigate about it? I tried to track some info down before writing this article, and I could only find a Jstor article, written by some American, more than 50 years ago. And that’s the main reason of this article. i really wish to inspire out there, someone who’s studying Literature, to travel to Trujillo and try to trace the scraps of O. Henry’s stay in the city. As I’m reading Cabbages and Kings, which I had to download from the internet, since not even the University library keeps a copy of it, I come across numerous colorous characters which inhabit the port of Coralio, in the country of Anchuria. President Miraflores, his mistress, the locals and the americans. I’m not trying to say that every single event and character in his stories has an equivalent in 1900s Trujillo, but it must surely be interesting to read about the sources of inspiration.

Of course, I enjoy literature as a hobby, and as a book enthusiast, and a Honduran, I would really like for this investigation to be made. Of course, as a biologist, this seems out of my work field, but I at least hope this encourages someone else out there. I for my part, can only offer, making another of those possibly unfulfilled projects, my willingnness to actually translate the book to Spanish language, something I believe no one has actually tried, publish it, and eventually make it a high school staple, because really, when one of the prominent figures in short stories writes a book about your country, the least the country’s people can do, is be aware of its existence.