Anécdotas Mundialistas: Francia 98

coca olimpicaA mis lectores parece agradarles mis posts nostálgicos, así que aquí les va uno que circula por mi cabeza desde hace algunos días, para ser más precisos, a principios de este mes mundialista. Cabe destacar que mi primer recuerdo de un megaevento deportivo mundial no es realmente grato. Corría el año de 1996 y los Juegos Olímpicos de verano se realizaban en la ciudad de Atlanta en el estado de Georgia en Estados Unidos; yo por mi parte, como era usual en esos primeros años de mi vida (cumpliría 5 en agosto de ese año), me encontraba en Guatemala visitando a mis abuelos. La Coca-Cola traía envases especiales conmemorativos del evento, con un marcaje blanco representando los anillos olímpicos y tres disciplinas de las cuales solo recuerdo con exactitud el ciclismo. Desafortunadamente los Juegos no se encontraban únicamente en los refrescos, sino también en la programación diaria de la televisión nacional, donde mi hermano y yo no solíamos perdernos de nuestros programas favoritos, los Power Rangers y los Caballeros del Zodiaco. Es así como hasta hoy no tengo más que recuerdos negativos de mi primer evento deportivo mundial. Es por eso que resultaría extraño que para el verano de 1998, mientras me encontraba de vacaciones, habiendo salido del Kinder, decidiera una mañana del 10 de junio, ver el partido inaugural entre el campeón vigente, Brasil, y la selección de Escocia. 90 minutos más el descuento y estaba enamorado del fútbol.

 

footix

 

No sé de donde vino mi afición. Mi padre no es realmente un aficionado al fútbol y es más bien uno de los muchos que les interesó un poco más el fútbol cuando comenzó la era Guardiola en el Barca hace unos años. Mi abuelo materno si es fanático, pero recién ese año comenzó a vivir con nosotros, y no recuerdo que estuviese ahí para el Mundial, simple y sencillamente supongo que quedé cautivado por la publicidad atosigante que surge cada 4 años y porque tal vez el fútbol si es en realidad el deporte más hermoso del mundo. Hace un par de semanas, cuando comenzó el Mundial de Brasil 2014 y el 90% de las conversaciones giraban alrededor del evento, discutimos en un grupo de compañeros, cual había sido el primer Mundial que recordábamos haber visto. Corea-Japón dijeron la mayoría; uno de mis compañeros (de los más mayores) recordaba Estados Unidos 94, y uno de los maestros (de los más jóvenes) recordaba el histórico España 82. Yo por mi parte, cuento a Brasil 2014 como el quinto mundial que veo conscientemente, y si me preguntan cual ha sido el mejor mundial, aún estando este en proceso, aun teniendo a Honduras en Sudáfrica y Brasil, diría sin dudarlo que el mejor para mí ha sido Francia 98. Estoy seguro que mi hermano lo diría con igual o mayor convicción, pues hasta el día de hoy, creo que Francia 98 es el único mundial que ha vivido con pasión. Pero es curioso, de mis este 2014 23 años de vida, siempre he considerado 1998 como el más significativo: la muerte de mi abuela, el mundial, el huracán Mitch; es tal vez por eso que recuerdo vivamente donde vi cada uno de los partidos de ese campeonato. El Brasil-Esocia en pijama, en la sala de mi casa, el Marruecos-Noruega esa tarde con mi hermano, un Italia-Chile en Pollo Campero (aunque pudo haber sido Brasil-Chile), un Iran-Alemania en esa pizzería en Tela, un Holanda-México una tarde en que el motorista del trabajo de mi mamá improvisó una antena para lograr ver el partido, un Argentina (el equipo de mi hermano)-Croacia en el restaurante del Hotel Saint Anthony de San Pedro Sula, y en fin… recuerdo haberme perdido los partidos de cuartos de final porque aparentemente sí que viajé ese verano (recuerdo muy bien la hoja de caricaturas del periódico conmemorativa de esos 4 partidos, un vikingo enfrentaba a un negrito brasileño, la torre Eiffel saludaba a la Torre de Pisa, un tanque alemán amenazaba un indefenso croata). Y pues, así llegué a ver la semi-final de Brasil-Holanda, la cual se definió en penales, y la que junto con mi papá y mi hermano consideramos el mejor partido del mundial, previo a la desastrosa final en la que Brasil (el equipo de mi papá y el mío) perdiese bochornosamente por 3-0 contra Francia. “Se vendieron” pensamos todos, mi hermano a su corta edad de 10 años y en la era pre-blog escribió un artículo en contra de la presentación del equipo carioca.

 

Divertido anuncio promocional del Mundial

 

Pero en general, Francia nos dejó buenos recuerdos. Despertó en mí por un lado la pasión por el fútbol que sigue hasta estos días (comencé a ver Liga Española, Champions League y hasta Liga Nacional en este lapso), retratada en como coleccionamos el álbum de Francia 98 de la Pepsi, solo para que yo descuidadamente lo dejará en el suelo una mañana que fui al médico y que desafortunadamente coincidió con una llave de agua mal cerrada (incidente que hasta hoy en día mi hermano me recrimina “en broma”), o en como ensamblamos un álbum de recortes del periódico con todas las noticias del Mundial. Nada era suficiente para nosotros ese verano; incluso hasta tenía unas chapas de refresco que traían un retrato de los jugadores del Team Pepsi como el Toro Vieri, y que temí haber perdido un fatídico día de ese mismo año en el que mi papá, mi hermano y yo tuvimos un accidente automovilístico en El Zamorano (vaya 1998…). Finalmente, considero ese Mundial como importante, pues también despertó en mí por un lado, la manía de almacenar en mi memoria cantidad de datos que de cierta manera aun permanecen hasta estos días. Al finalizar el torneo, podía recordar el resultado de cada uno de los partidos, habilidad que mi papá consideraba interesante y que me ponía a demostrar cada vez que nos encontrabamos algún conocido. Y luego, despertó en mí la idea de que había todo un mundo allá afuera, países y culturas distintas que se debían conocer y visitar. Es por eso que no es de sorprender que ese mismo año mi papá me regalara un Almanaque Mundial, el cual devoré y descuaderné aprendiéndome pepsitodas las banderas y un 80% de las capitales del mundo. Las capitales que no me sé, hoy en día son de países que la mayoría ni saben que existen. Y lo siento si estoy siendo pedante, pero es mi venganza de que todo mi primer año de primaria mi hermano usará esa habilidad mía como un truco de un monito de circo. Y pues debo admitirlo, me encanta memorizar cosas (aunque ojo, no es así como estudio XD).

Y bueno, esperaba hacer una sola entry en conmemoración de los mundiales y terminó por convertirse en una serie por entregas casi autobiográfica. Así que bueno, si les gustó, no se pierdan la próxima entry sobre Corea y Japón 2002, la próxima vez que me encuentre dilucidando en vez de estudiar y hacer tareas.